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Is there nothing left? 35 años de War

Celebrando 35 años desde que uno de los mejores discos de U2 se lanzó al público, me dí a la tarea de volver a escucharlo y este es uno de los pocos discos de U2 que puedo y disfruto escuchar de corrido, sin adelantar ningún track. Conozco bastante bien las quejas del mismo Bono a quien le molestan sus gritos y su voz de mujer durante esta época, pero yo nunca lo he visto ni escuchado así. Considero que, obviamente, era un tipo de 23 años, cuyas cuerdas vocales aún estaban en desarrollo y todo indica que gracias a esa juventud y flexibilidad vocal podemos disfrutar.

War es el album de U2 que marcó claramente el potencial que tenían como músicos, como adolescentes, como la voz de un país (con sus letras marcadamente críticas, nacionalistas y políticas), como un naciente fenómeno musical.

Pero algo que está presente durante todo el disco es un sonido natural, potente, visceral, profesional. A mí siempre me ha recordado muchísimo al célebre disco IV de Led Zeppelin y los paralelos que noto son:

  • El sonido natural y acústico de la batería como instrumento ya no de relleno sino en lugar principal y preponderante
  • La voz del cantante principal mezclada de tal forma que destaca por encima del resto de los instrumentos, pero grabada con suficiente cuidado y mezclada de tal forma que no hay un sólo instante de distorsión o errores terriblemente notables
  • La aparición de instrumentos inusuales ya sea por parte del propio grupo o de invitados especiales (en el caso de Led Zeppelin, mandolinas y voz femenina y en el caso de U2, violín eléctrico y voces femeninas)
  • Una ecualización superior y muchísimo más clara y profesional que en discos anteriores y que le otorga a ambos discos un sonido limpio y cristalino.

En el álbum Boy, el sonido de U2 es etéreo, tal vez gracias al abuso del reverb en la mayoría de los tracks y la voz aún adolescente de Bono hace que todo el disco suene ligeramente angelical, improvisado. Las líneas de bajo le dan un carácter de urgencia, de presión, de ímpetu al disco que lo hace sonar apresurado y, hasta cierto punto, genérico.

El álbum October transmite un sonido moderadamente más relajado, con canciones más letárgicas y con la aparición de las famosas “ice notes” de piano gracias a Edge. Bono empieza a dar muestras del potencial melódico que siempre ha tenido.

Pero War es el único álbum de U2 donde el sonido es natural, potente, visceral, profesional.

Simplemente, la naturalidad acústica con la que está grabada la batería de Sunday Bloody Sunday, sin exceso de reverb ni efectos, casi con una sonoridad similar a estar tocando uno mismo dicha batería es refrescante y hasta impresionante. El violín eléctrico que adorna los finales de los versos es un toque extraño pero efectivo (y seguramente apelando a la cultura celta).

La voz de Bono ha madurado muchísimo gracias a las constantes giras y excesos tonales a los que siempre ha estado acostumbrado, es decir, sus gritos. Pero aún en SBS se escucha mucha más intención de canciones creadas con cuidado, con estructura, con intención y, si, seguramente también mucho más interés de escribir singles, éxitos y música para la radio.

El efectivisimo final de los coros de SBS, donde la polifonía de voces de Bono se empalman, se responden, se hacen coros es algo que seguramente les daría dolores de cabeza en la versión en vivo, pero ¿a quién le importa? SBS es la apertura perfecta para un álbum perfecto. Es un puñetazo directo al estómago.

Seconds, aunque una de las canciones menos celebradas y recordadas del album, tiene la misma genética que el resto de los tracks y, si hay algo memorable del mismo, es la línea de bajo que, aunque es bastante simple y de poca creatividad, nuevamente está al frente, al centro y es imposible de ignorar.

Y entonces, aparece New Year’s Day que escurre limpieza, producción, cuidado en los detalles. NYD tiene un intro sensacional con sólo tres instrumentos: un bajo que predomina durante todo el track, un shaker (seguramente Larry y/o Adam tuvieron algunos problemas para mantener el ritmo al inicio de la grabación)  y el piano instantáneamente reconocible de Edge. El progreso de Larry Mullen como baterista de un álbum a otro es perfectamente identificable en este track. Pausas, remates, el uso de los toms, coros y armonías así como los inicios de la experimentación por parte de Edge, usando muted strings con armónicos sobre la cuerda de G, solos de piano y guitarra, uno después del otro (algo que es muy satisfactorio verlo hacer en vivo sin perder un solo compás) y también la combinación de power chords con lo que ahora es el sonido clásico de The Edge que, en mi opinión, comenzó en este track. Y es de llamar la atención la plétora de remixes a los que NYD fue sometida.

En el intro del siguiente track, Like a song, podemos comprobar que Larry Mullen Jr. no era la máquina de precisión que es ahora: el bombo con el que inicia la canción empieza acelerado, pierde velocidad y se acelera de nuevo. Pero aún así, la fuerza e ímpetu del track son tangibles tanto por el ritmo, el trabajo de batería y la potente y desesperada forma de cantar por parte de Bono, ya haciendo uso de falsetes. El outro prácticamente tribal entre Adam, Larry y Edge es tremendo.

Una de las canciones con estructura más atropellada y extraña en su carrera, Drowning Man tiene una letra ambiciosa con una melodía ascendente que parece que está al revés. Y de nuevo, U2 regresa a sus raices celtas con este tema con violín, con una melodía y tonalidad similar al trabajo de Clanaad, y con un trabajo vocal por parte de Bono en que durante la misma canción brinca de una escala a la siguiente, usando, en los tonos más demandantes, nuevamente falsete y una evocación lírica fantasiosa y hasta mística.

The Refugee es un track dirigido principalmente por el trabajo de batería de Larry Mullen Jr, y demostrando algo de falta de tiempo (o tal vez de creatividad) para desarrollar una letra más completa utilizando como recurso de emergencia coros de relleno. The Refugee puede ser el primer track en la discografía de U2 en el que se aprecia un overdub de percusiones (rototoms, en este caso) encima del track original de batería. Decididamente un track interesante pero muy poco memorable.

Two Hearts Beat as One, una de mis canciones favoritas, es todo un tour de force : bajo slap,  guitarra pseudo-disco, batería rocker con un bombo de potencia visceral, y con una letra que se olvida momentáneamente de los problemas políticos del mundo y de Irlanda, y habla con desesperación la impotencia de no poder atraer a la chica, al grado de que esta podría ser “my last chance”. Este es el típico single de U2 sin complicaciones, decididamente rockero, sin efectos ni parafernalia (estilo Desire) que logran su objetivo a la perfección: divertirte. Y como anécdota, aparentemente Bono se maravillaba durante los conciertos de esta época cuando la gente comenzaba a bailar durante esta canción.

Red Light es otro gran ejemplo de como Bono, en lugar de cambiar el tono o la melodía de las canciones que escribía en esta época, forzaba su garganta hasta donde era posible y, cuando ya no le era posible, recurre al falsete, presente en muchos tracks de este gran álbum. Red Light es una canción clásica de U2, llena de contrastes melódicos en la que se encuentran partes muy sutiles y suaves, y otras donde Bono literalmente se está quedando sin voz (“Alone in the spotlight Of this, your own tragedy”). Un trabajo vocal y de saxofón cortesía de Kid Creole and the Coconuts que añade otra textura muy interesante a todo el disco.

Surrender es, de nuevo, un ejemplo claro de la psicología y la personalidad de Bono encapsulados en una canción: los primeros segundos del track son suaves y sutiles, con armonías vocales etéreas aumentadas con el feedback de la guitarra de Edge. Y en minutos, la voz de Bono comienza a romper esta tranquilidad y calma. Edge experimenta con una segunda capa de guitarra distorsionada y con feedback entre los versos y también con adornos melódicos entre los coros de “Surrender”. Aunque hay un poco de delay en su guitarra, nada comparable a lo que nos acostumbraría a partir del siguiente disco, The Unforgettable Fire.

Y el track final del album, envuelto en leyenda y misterio, 40 por sus orígenes apresurados en que la banda sólo pudo trabajar en él 40 minutos, o porque tomaron una biblia y usaron parte del Salmo 40 para la letra. En este track, Adam y Edge intercambian sus instrumentos y los usan como están acostumbrados: Edge toca acordes en tres de las cuatro cuerdas del bajo y Adam se limita a crear texturas con feedback. Y definitivamente, el trabajo de coros evoca indiscutiblemente música religiosa. Si bien la versión del disco no es impresionante o memorable, la versión en vivo, gracias al trabajo de Larry Mullen Jr, se volvió emblemática para el cierre de sus conciertos gracias al otro truco que U2 descubrió y aplicó con muchísima efectividad en muchos tracks de este álbum: coros épicos para que el público cante durante sus shows en vivo.

En lo personal, el trabajo de producción de Steve Lillywhite y de Paul Thomas como ingeniero de sonido me impresionan y me fascinan: War aún suena INCREÍBLE.

Todos los instrumentos (pocos en esta época inicial de U2) se escuchan con potencia y claridad y se distinguen perfectamente. Y los tracks en los que hay invitados especiales no se escuchan fuera de lugar en este disco, gracias a la eficiente  mezcla.

No es de sorprender que, salvo dos o tres tracks del álbum, el resto de ellos han sido tocados en vivo a partir del War Tour y algunos singles permanecen en la actualidad en el setlist de los shows de U2.

War es un disco extremadamente bien balanceado, sin rellenos ni pretenciones (aunque el su momento U2 fue acusado de sermonear políticamente a su público, pero como hemos visto a través del tiempo, esto es algo que Bono disfruta hacer), sin tracks complacientes o irrelevantes. Con esto no quiero decir que todos sean éxitos, pero si puedo decir que todos los tracks están donde deben estar, el flujo de los mismos está hecho con cuidado, el inicio es estruendoso y el final es tranquilo y sutil. Justo como en show en vivo de U2.

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